CONFRATERNIZACIÓN DE LA VIDA CONSAGRADA

31 07 17 sEn la Asamblea general del Vicariato, la zona de Tierras Bajas, se propuso tener una jornada de confraternización entre la vida sacerdotal y religiosa. Nuestro Vicario, el P. Arturo,   nos convocó en La Asunta, aprovechando el tiempo de vacaciones escolares, el día 12 de julio. Y asistimos un buen grupo de religiosas, y varios sacerdotes. Ha sido una experiencia muy bonita  que tendrá que repetirse. Se nos pidió que llevásemos algo de comida para compartir y un canto o baile propio de nuestro país de origen.

Las Hermanas hablaríamos del carisma de nuestra Congregación y los sacerdotes,  tendrían que contar su  experiencia vocacional. El encuentro se inició a las nueve con media hora de oración ante el Santísimo.  Seguidamente,  no hizo falta mucha animación,  para que se creara un clima de fraternidad y buen humor que manifestaba la fuerza del Espíritu entre nosotros. Ciertamente la vocación de discípulos/ las  del Señor, es  un regalo.
Al exponer cada una el carisma de la congregación se manifestó claramente que todos los Fundadores y Fundadoras habían querido responder a situaciones urgentes en las que la dignidad de la persona estaba en riesgo; habían nacido de un corazón misericordioso con las mujeres campesinas, los niños abandonados, las familias destruidas, los pobres, los ancianos desasistidos… Nos preguntábamos sobre la falta de vocaciones que hay actualmente… Escuchando los relatos se suscitaba la pregunta si realmente seremos una Iglesia en salida, si nuestras acciones priorizan las “periferias”, si es con los más pobres con quienes compartimos nuestra mesa, si en  nuestros planes pastorales se manifiesta claramente la opción por los preferidos del Señor: los pecadores, las viudas, los niños y los nuevos “leprosos del Evangelio”…
El espacio recreativo estuvo lleno de cantos, folklore y alegría. Las Hermanas Hijas de la Iglesia, nos ofrecieron un rico almuerzo; también, la acogida del P. Arturo estuvo llena de detalles. Fue un encuentro sencillo y profundo. Quizá si algún joven curioso se hubiera acercado, habría descubierto que el servir al Señor regala paz, gozo y mucha esperanza, porque aún en medio de las dificultades, la fuerza  del Amor nos invita a renovarnos cada día.

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